Finalmente accedió y me entregó el maletín (quién carajo usa esa palabra? Ciertamente nadie que use maletín). Lo abrí y ahí estaba el escorpión, ese maldito estúpido ya se lo iba a comer, pero no, lo detuve justo a tiempo, y hay que ver el énfasis con que una persona puede ponerse las medias, así estén al revés.
"Manuel!", grité, "Manuel qué haces aquí?". Se me descontroló el neutro y Manuel se dió cuenta... pero ya era tarde. Romina se comió la pizza, se levantó de la cama y se tiró por el balcón. Pobre mina. Ya no quedan indicios de la vida plena.